Felipe Pinglo vale un Perú

El Fenómeno Pinglo es el que siempre aflora en este mes de mayo cantando al alma del pueblo con su infinita inspiración, con páginas inmortales como ‘El Plebeyo’, ‘La Oración del Labriego’, ‘El Huerto de mi Amada’, ‘Rosa Luz’, ‘Celos’, ‘El Espejo de mi Vida’ y otras que han hecho de nuestro cancionero todo un álbum de sentimiento y romanticismo. Felipe Pinglo Alva es el gran limeño que venciendo barreras sociales, geográficas y cronológicas, al morir el 13 de mayo de 1936, dejó la huella de mayor hondura en la historia de nuestro acervo. Sus padres, Felipe Pinglo Meneses y Florinda Alva Casas, que contrajeron matrimonio en la Parroquia del Cercado de Lima el 4 de agosto de 1898, jamás imaginaron que el niño que naciera el 18 de julio del siguiente año, sería el predestinado a engrandecer y ennoblecer la canción de su ciudad. Mamá Florinda sólo sobrevivió una semana, dejando de existir el 25 de julio y el vástago fue llevado de la calle del Prado a casa de las tías Gregoria y Ventura Pinglo Meneses en el hoy jirón Amazonas, donde se le prodigó el calor del hogar.

El pequeño barrioaltino fue bautizado en la ya referida Parroquia del Cercado el 4 de setiembre del mismo año, siendo su padrino don Julio Gutiérrez. Pusiéronle por nombre: Julio Felipe Federico. Mimado por las tías hizo sus estudios en la Escuelita de la calle Naranjos, entonces dirigida por el maestro Mena y fue preparado para la Primera Comunión, que tuvo lugar el 15 de agosto de 1910 en la Iglesia de San Francisco de Asís.

Desde el siguiente año fue guadalupano para concluir la Educación Primaria y continuar con la Secundaria. Luego servidor público en la Dirección del Tiro Nacional. Su padre falleció el 4 de noviembre de 1932, la tía Gregoria en 1934 y la tía Ventura en 1936, dos meses después que Felipe.

Tiempo habrá para hablar de la grandeza de la obra del bardo inmortal, José María Arguedas decía: «Felipe Pinglo enseñó a los limeños a querer su música criolla» y, así como Arguedas, muchas personalidades han expresado su admiración por el poeta popular iluminado.

Felipe nació, se formó y vivió hasta su muerte en los limeños Barrios Altos. Y si alguna vez se alejó, sólo fue brevemente y una sola, cuando por algunos meses frecuentabab La Victoria. En ese breve tiempo de ausencia de su Mercedarias, nació el mejor homenaje a su reducto inolvidable: ‘De Vuelta al Barrio’. En este canto se exaltan a los apetitosos potajes de doña Cruz, a los manjares de doña Isabel, a la Cena de los Chinitos, la fonda criolla y la bodega de la esquina de Mercedarias y espalda de Santa Clara, bodega del italiano conocido entonces con el sobrenombre de «Don Nicola», pero que en la vida real era don Silvio, probablemente, el mismísimo italiano que dio vida a la celebrada farsa criolla de la inventiva de don Fausto Gastañeta, ‘Doña Caro y sus Hijas’. Silvio, que al dejar Mercedarias, pasó a la Bodega ‘La Toma d Trieste’ en la calle La Confianza, luego a la Avda. Manco Cápac y, finalmente, al Bar ‘Superba’ de la Avda. Petit Thouars.

En el Superba, Silvio vivió sus últimos años y en sus nostálgicos relatos nos hablaba de Mercedarias, de Felipe, de los bohemios del barrio, de los «hueleguisos», de los «perromuerteros» y de los valientes como Genaro, el Brujo, Solimano, Pilita y Sabandija, así como también de todos aquellos que le cuidaban la espalda.

Así pues, es la vivencia de los viejos barrios limeños, donde a la postre siempre algo queda en el corazón del pueblo, como en este caso, Felipe Pinglo Alva.

Hoy, nos acordamos todo lo que decía el poeta criollo Carlos Romero Leith en una madrugada con sabor a pisco y humeantes tamales: «Antes que Pinglo la canción criolla no tenía acogida. Recién con él encuentra un sitio de honor». Y recalcaba: «Felipe Pinglo vale un Perú, porque es lo mejor de nosotros mismos».

Sábado 12 de mayo de 1990.

Por Gonzalo Toledo

Columna “Déjame que te cuente…” (Diario El Comercio)

Barrios Limeños Coincidentes

Que abajo el puente, Barrios Altos y Monserrate fueron por mucho tiempo barrios capitalinos coincidentes, nadie lo ha de poner en duda, en particular los dos primeros, cuyas ‘tiras’ de amigos, avezados cultores de lo que llamamos criollismo, intercambiaban su música, su poesía y sus tragos también.

Los encargados de hacer germinar este entendimiento eran las célebres ‘Tiras’ de ‘La Palizada’, ‘La Volante de las 5 esquinas’, los bohemios del Cuartel Primero y la ‘tira’ de la Botica de San Sebastián que, como que fue la última en aparecer, también lo fue en ir extinguiéndose, por los años 60. No está demás anotar que estos fueron sucesos que ocurrieron en la última década del siglo pasado, hasta mediados del presente. Cuando bailaban nuestros padres con la misma energía que bailan los jóvenes de hoy, corrió de boca en boca una versión a manera de leyenda, por la que nos informamos de un hermoso intercambio, sin más testigo que dos puentes y el Río Hablador. El compositor barrioaltino Guillermo Suárez Mandujano, desde el barandal de puente Balta, guitarra en mano y en el silencio de la medianoche, cantaba a don Pancho Ferreyros, a rítmo de mazurca:

«Cuatro camisas tengo
todas las vendo,
para comprarme un coche
que no lo tengo;
miren que risa
miren que risa,
es el andar en coche
y sin camisa…»

A este fragmento, el ‘carachoso’ don Pancho, le respondía a rítmo de vals y desde el barandal del puente de piedra, con su potente voz y así:

«El puente tiene seis ojos
míralo, míralo,
yo tengo dos
solamente…»

De Guillermo Suárez y ‘La Volante de 5 Esquinas’ sabemos quiénes fueron y cómo fueron, por notas anteriores pero de don Pancho Ferreyros y sus amigos del Barrio de ‘La Perricholi’, casi no hemos escrito. Ellos, entre muchos otros fueron los Villarán, los Bancalari, Salerno y Gamarra que cantaban como mandan los cánones, y ya para los 20 y los años que vinieron, fueron los Ascuez, Sáenz, Sancho Dávlia, Arzola y otros, los que tomaron la posta, con interminables noches de bohemia.

La gente de Monserrate, puede decirse todo el Cuartel Primero, orgullosa de ser el predio del Señor de los Milagros, Isabel Flores de Oliva y Martín de Porres, instituyeron lo suyo con limeñismo sabor criollo que nada tenía que envidiar a los otros barrios. El chiclayano Pedro A. Bocanegra, Adrianzén, Amunátegui, los Govea, también don José Sabas Libornio, ilustre autor de la ‘Marcha de las Banderas’, hay muchos nombres más todavía, encendían la llama fiestera del barrio, con la complicidad de los buenos vecinos de Pachacamilla o con los que fueron llegando como los De la Cuba, Juanito Criado, los del Centro Musical Unión, del Bocanegra y las casas de gran amistad, donde la palabra autorizada de Aurelio Collantes significaba la Voz de la Tradición. Las coincidencias de barrio tenían su apoteosis jaranera de incomparable sabor limeño en casas de doña Isolina en ‘La Peña Horadada’, ‘La Choncolí con piano’ en el cuartel Primero o María E. Cayo en el Rímac.

Vaya que todo esto, hasta parece ficción.

Martes, 14 de Julio de 1992

Por Gonzalo Toledo

Columna “Déjame que te cuente…” (Diario El Comercio)

Algo de las viejas salas de barrio

Las viejas salas teatrales limeñas de los 20, 30 y también de los años 40, fueron escenario de hechos pintorescos, los mismos que alimentaron el humor de sus habitúes especialmente en los barrios.

Salas como La Mutua del Cuartel Primero, Royal y Rambla en el Rímac, Mazzi y Buenos Aires en Barrios Altos y Esmeralda de La Victoria, Dios nuestro, han servido de mejor testimonio de lo que la chispa del pueblo, de ese pueblo limeño cazuelero, que cuando quiere consagra o sepulta a las estrellas, por mucho que estén brillando.

Como anticipo a lo que nos vamos a referir, digamos que por razones de reparaciones en el edificio de nuestro primer teatro, la famosa María Barrientos tuvo que ser transferida para que actúe en el Teatro Lima de los Barrios Altos, donde las localidades se agotaron la semana anterior a la presentación.

Los integrantes de la célebre ‘tira’ de ‘La Palizada’ que gustaba de disfrutar de los mejores espectáculos, pero sin costo alguno, pretendieron ingresar a este escenario en la forma que acostumbraban; pero todas las intenciones fueron inútiles.

Molestos por el fracaso y al encontrarse a muy pocos metros del Ovalo Olavide en la misma calle del teatro, en cuya área se habían estacionado varios coches, porque en coche llegaron buen número de limeños a este espectáculo de campanillas; procedieron a soltar los caballos, los mismos que se largaron por las 5 esquinas, Barbones, el Prado, el Carmen y la Plaza Italia, creando molestias y confusión en sus propietarios a la hora que terminó el espectáculo.

Ahora nos vamos a lo ofrecido, lo de las salas de barrio. Todavía están en el recuerdo de las ‘Chocloncitas’ y los ‘añosos ficus’ los variettes que presetaban promotores como Vanancio Rada, ‘Caifas’ Medina, Juanito Dellepiani y otros, con la participación de los mejores artistas del momento y con el infaltable acompañamiento al piano de ‘arañita’ Fernández, el colorado Max Morales, Filomeno Ormeño, el español César Bartra, Lucho de la Cuba, el ‘cojo’ Núñez, Humberto Pereyra y más adelante el ‘pato’ Alejandro Villalobos, y todos llamados por los apodos que les colgaban los de la bullanguera cazuela. Habían salidas como las que vienen:

-«yo tenía un clavel y no sabía que hacer con él…
-¡se lo hubiera regalado a Rada y Gamio!»
-«el árbol de mi casa está muy triste…
-¡échele agua para que se ponga alegre!»
-«buenas noches respetable público…
-¡idiota!… no vas a decir buenos días…»
-«agradezco los aplausos de todo corazón, ahora les voy a cantar el bonito tango ‘Se va la lancha’…
-¡sube a la lancha antes que se vaya!»
-«adolorido, adolorido, adolorido del corazón…
-¡auxilio, que vengan la Asistencia Pública! Este hombre va a morir de algo…»

Como estas ‘salidas’ limeñamente, han habido por decenas en los viejos teatros de barrio. Pero no es de dejarse de consignar algo de los preocupantes entretelones, muchas veces por tener que cumplir con obligaciones económicas. En el cine La Mutua, por ejemplo, para cumplir con algún pago, empeñaban el lente del cinematógrafo a las 9am y como la vermouth en esos tiempos empezaba a las 6:30pm unos minutos antes, con lo que había en taquilla, el operador volaba a la casa de préstamos para desempeñar dicho lente. Esto ocurría hasta tres veces a la semana. Al comentarse lo que protagonizaban los cazueleros y los entre-telones como el que acabamos de referir, Pedrito Ureta mille le decía a ‘Picón de Pato’, «son cosas de los cines, mi querido Andrés», y este, en tiempo de vals le respondía cantando a media voz: «Estas cosas sólo suceden en los colectivos, donde todos parecen tontos y son muy vivos».

Martes, 16 de junio de 1992

Por Gonzalo Toledo

Columna “Déjame que te cuente…” (Diario El Comercio)

Plegarias y canciones para la Virgen de los Barrios Altos

Las primeras manifestaciones carmelitas del Perú tienen lugar con la llegada de la imagen de la Virgen del Carmen para el templo de La Legua en el Callao en 1615 y luego para el Corregimiento de Niñas en la casa Huerta de Juan de Isla, de los Barrios Altos de Lima, en 1619, debido a un matrimonio piadoso.

Pero la fundación de la Iglesia y Convento del Carmen, con la llegada de monjas carmelitas que instauraron la austera clausura y que ocurre el 17 de diciembre de 1643, es el punto de partida de los festejos julianos en que se mezclan las manifestaciones del sentimiento cristiano, mediante las plegarias y el costumbrismo citadino de la gente del barrio con sus canciones que brotaban como fruto del mestizaje.

La fiesta del Carmen y sus procesiones tienen fama desde el siglo XVIII y, si acudimos a los archivos de El Comercio, apreciaremos que en sus páginas aparecen crónicas refiriéndose a la nochebuena del Carmen con música de orquesta, vivanderas con apetitosos potajes y castillos de fuegos artificiales, amén de la procesión de que recorre calles del barrio donde la virgen carmelita tiene asiento y trono de soberana.

Con don Enrique Silva, dueño de famosa bizcochería del Carmen Bajo, se instaura el albazo en 1906, consistente en quema de cohetones y bombardas, repique de campanas y banda de cachimbos a la hora del alba. En la década del 60, es en nuestro diario que por primera ve se menciona a la Virgen Criolla, en nota aparecida en la página editorial justamente el 16 de julio de 1961. Y se realiza la Verbena a la Virgen que tuvo por primer escenario la Plazuela Buenos Aires, siendo los primeros intérpretes los integrantes del «Sentir de los Barrios», sumándose los artistas de las Radios Excelsior, El Sol y Central.

«Virgen que sabes tornar

con tu criolla lisura,

en agua bendita el pisco

y en la hostia el tamal…»

Esta cuartilla es un fragmento del poema escrito con gran vena criolla por Angel Hernández León, a quien siguen otros músicos y poetas como Carlos Romero Leith, Armando Guimet de Mendiburu, Lucas Borjas, Aurelio Collantes, por no decir más, que rinden homenaje a la Virgen Criolla de los Barrios Altos, sin duda la patrona del barrio y de los criollos de Lima.

La Hermandad de Cargadores de la Virgen no ceja en sus gestiones de todos los años para que a la Verbena de los 15 de julio, que iniciara en el atrio del templo Juanito Criado y continuara Luciano Huambachano, ambos fervientes devotos, cuente con la mayor concurrencia de figuras consagradas del criollismo, significando el saludo de bienvenida a tan venerada advocación limeña.

Viernes, 14 de julio de 1989

Por Gonzalo Toledo

Columna «Déjame que te cuente…» (Diario El Comercio)