Recuerdos del Centro de Lima

El otro día mi primo me envió un archivo con fotos de Lima de los años 60. ¡Qué linda y ordenada era Lima! Estas fotos del Centro hicieron que mi mente trate de inventar historias y vicisitudes de aquella época. ¡Qué elegante que eras Lima! ¿Reconoces algunos espacios?


Lindos autos, hoy de colección.


Aquellos balcones coloniales que aún se mantienen intactos gracias a los restauradores.


Ya empezaban a multiplicarse los automóviles.


La Plaza Mayor.


Otra de la Plaza Mayor.

Brisas del Titicaca

La Asociación Cultural Brisas del Titicaca es un gran promotor del folklore peruano desde hace 48 años. En su local ubicado por la Avenida Brasil en Cercado, presentan cena-shows para turistas locales e internacionales, quienes se deleitan con danzas de la costa, sierra y selva de nuestro país.

Tiendas al pie del tiempo

Viejos almacenes de Lima de nombres franceses, vastos y olorosos, de altísimos anaqueles, cuya rica interioridad me vinculaba al negocio que allí se ejercía, fuese de papelería o de géneros y me tomaban de pies a cabeza con el misterio de su mercadería y la belleza de las dependientas, blancas pobres de ojos intensos como esclavas de un mercado musulmán.

No puedo pasar por la recta del Jirón Ucayali sin sentir el vaho que perdura, quizá nada más en mi imaginación, de esos locales de fondos inexplorados para el parroquiano enfermo de curiosidad… La pesada madera de las puertas plegadizas y los toldos, que ya nunca la manizuela del propio gerente rubicundo y con saco de lustrina, desplegarán como un velamen con chirridos. Los almacenes están aún pero los personajes y el desfile de peatones parece que se han trasmutado… Que una ciudad ignota de raza y espíritu diferente ha ocupado el corazón del centro de la ciudad; no obstante, están allí “Colville”, de pie, santuario de madera, inmensa librería y papelería que mis pies de niño hollaban en abril y estremecido de miedo placentero. “Mosquera y Morales” con sus perfumes reconocibles en la eternidad del pasado. Todo ese ámbito de Pateros de San Agustín a Plateros de San Pedro, consagrado a una sucesión de almacenes de escaparates colosales de vidrio y madera noble, ahora semivacíos y con liquidaciones de saldos amarillentos, quizás reposando sin comprador, desde que empezó la ruina de la ciudad…

Recuerdo al gerente de “Colville” pasando revista a sus empleados en los inviernos de encanto y neblina carraspeando: ¡Jum! Y con esa seña mágica todo cobraba una disciplina prodigiosa. Las cajeras entornaban las pestañas, y el decorados daba los últimos toques a las pirámides de papel crepé y disponía con raro arte los compases deslumbradores en sus estuches de terciopelo y los lápices vírgenes en los de perfumado naranjo… ¡Jum!

El gerente alto, rollizo y calvo luciendo gemelos en los puños e imperdible de oro en la corbata asomaba a las puertas de su reino, mirando la perspectiva de la mañana. En una esquina, el majestuoso hotel Maury de espejos delirantes; en frente, el pasaje Olaya dejando ver el Palacio de Gobierno de una planta, perfecto y enigmático, que sería destruido para edificar el actual, mustio y pretensioso. Del otro confín, impedida la mirada por un acumulamiento de balcones suntuosos (sin parar la pesquisa del vistazo porque formaban una doble fila de mascarones de proa) se veían las altas torres de San Pedro.

El gerente de “Colville” se metía en sus dominios, justo cuando yo pasaba a la carrera al claustro de San Agustín. ¡Jum! Una loca e inútil prisa, porque siempre llegaba retrasado al colegio…

Por Felipe Buendía
La ciudad de los balcones en el aire (1985)

Centro Cultural de España

Bajo la batuta de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, el Centro Cultural de España viene trabajando desde 1991 en actividades de intercambio cultural entre España y Perú. Su sede cuenta con dos salas de exposiciones, una biblioteca/ hemeroteca, un espacio independiente de videoteca y fonoteca, oficinas, una sala para talleres y un auditorio con capacidad para 189 personas, con proyector de cine de 35 mm, sistema de sonido e iluminación escénica. Imparten talleres y desarrollan otras actividades relacionadas a la música, cine, literatura, artes escénicas, etc.

 

El Barrio Rosáceo

Yo nací en la calle del Arco, por donde entraban los virreyes. Allí se alzaba el arco triunfal de ocho medias columnas jaspeadas, todo guarnicionado de plata; y también de plata y sin falsía el pavimento.

En ese arco ponían una puerta alegórica en la que los que venían a gobernar llamaban. Gálvez supone que mi calle natal se llamó así desde el siglo XVI y el gasto y arquitectura de este arco erigido por cada entrada de virrey fueron suntuosos según iban los tiempos y se afirmaba la tradición. Por allí estaba el solar de Santa Rosa en donde hay hoy un remedo de santuario junto a un puente horrible, de aluminio con pretiles zafados; yo veo en el fondo de la arqueta de los recuerdos de niño, el edificio de la Escuela de Ingeniería, tan sólido en su levedad como San Fernando y el Estado Mayor de la Calle Real el uno, y en el bulevar Grau el otro, dados al diablo del descuido.

Por la calle del Arco se desembocaba a San Sebastián y a Monserrate. Barrio de santos ubicuos, y de virreyes degollados por la maldición de los indios. No obstante, zona donde prendió la rosa, la flor de Lima rosácea. Allí abril florece todavía en el sempiterno espejismo de la única época de la ciudad. Luego fue fantasma. ¿Quién puede negar que Lima es una ciudad de fantasmas?

En Esa calle hubo una escuelita particular de cierta dama cuya leyenda de severidad castellana se alzaba como un globo aerostático en mi cerebro afiebrado, porque esa dama enseñaba las primeras letras a los chicos llevados en volandas disfrazados de mandiles azules y mapamundis y manzanas…

A mí me bautizaron en San Sebastián. Aquella fue pila bautismal de Rosa de Lima, y Martín de Porres y de Bolognesi. ¡Dios mío, no sé cómo puede aún reverberar en las noches esta parroquia con una sola palmera apuntando al cielo ni a dónde ha ido a parar el balconcete de la casa parroquial! ¡Así trata esta Lima plagiaria y advenediza a esa parroquia de bancas hechizadas y faroles que alumbran la eternidad de las noches de sus héroes y santos!

Mi universo, antes de ir a vivir en el Palacete de la calle Concha, (cuyo admirable portón acaba de ser tapiado) eran las calles del entorno del Cuartel Primero, correspondientes al Barrio Sexto y Séptimo, o sean, Aumente, Santa Rosa, Matienzo, Espíritu Santo, Arco y Lamilla.

De esta calle del Arco sólo tengo la visión de un recuerdo en los labios de mi abuela feroz y aristocrática, cuya foto aguileña será exhibida este domingo en el almuerzo familiar. Abuela materna de abanico y tafetán, amarilleando sus hundidos ojos mozárabes, en la postal firmada por Ugarte o por Courret…

Por Felipe Buendía

La ciudad de los balcones en el aire (1985)

 

[historia]

Calle del Arco: Era la primera calle de Jirón de la Unión, Calle de Palacio. Ubicada entre la Calle Polvos Azules y Jirón Lima, (hoy Conde de Superunda). La calle frente al Palacio Pizarro o Palacio de los Virreyes, donde se encontraban las casas de los fundadores de Lima, Francisco de Alcántara y Gerónimo de Aliaga. En 1613 allí había una barbería, la principal de la ciudad. Se llamó posteriormente de Hierro Viejo por que paraban las carcochas del Palacio de los Virreyes, donde pequeños comerciantes vendían artículos de fierro de segunda mano. En el siglo XVIII la calle se convirtió en la Calle de la Sombrerería, pues allí se vendían los mejores sombreros a la moda europea, que los limeños lucían elegantemente.

Por la calle de tierra afirmada, recorrían los viejos coches de la ciudad. Al fondo, el Arco del Puente, construido en época de la colonia, en el siglo XVII. El Arco tenía en el friso la leyenda de «Dios y el Rey» que durante la independencia fue cambiado a «Dios y la Patria» . Detrás del Arco se ve el rio Rímac, y a un costado la parte lateral del Palacio de Gobierno.

(texto y foto de Eugenio Courret – 1867 extraídos de www.mav.cl)

Presbítero Maestro

El cementerio Presbítero Matías Maestro, ubicado en Barrios Altos, Cercado es considerado hoy un monumento histórico. Fue el primer panteón de la ciudad, inaugurado en 1808 por el virrey José Fernando de Abascal. Sus 766 mausoleos reflejan una refinada arquitectura de los siglos XIX y XX.

Puedes visitarlo de manera particular, pero si quieres ir en tour de noche para escuchar anécdotas e historias de misterio, acude a Bus City Sightseeing que tiene salidas mensuales desde Larcomar, Miraflores. Las entradas están en Teleticket.